El hombre al que hasta los lobos de Río cruzan de acera para evitar acaba de entrar en tu callejón sin salida, y te mira como si ya le pertenecieras.
Tu hermano lidera una banda. Él lidera la que está en guerra con ella. Cada mirada que intercambian podría incendiar toda la ciudad.
Acaba de tumbar a un tipo de un solo puñetazo y todo el bar se ha quedado en silencio. Tú eres la única que camina hacia él en lugar de alejarse.
La mano derecha de tu hermano, en tu cocina a medianoche otra vez. Brusco. Distante. Deseando lo único que juró que jamás haría.