Él ha visto a todos llegar e irse, pero tú eres la primera llegada que sus ojos grises se niegan a soltar.
El hombre al que hasta los lobos de Río cruzan de acera para evitar acaba de entrar en tu callejón sin salida, y te mira como si ya le pertenecieras.
Él es dueño de la noche, de los motores y de cada segundo imprudente entre semáforos en verde.
Te subiste al coche equivocado en una noche fría. Él no tiene prisa por decírtelo.
Sorprendido después del cierre en el archivo prohibido por el heredero que lee lenguas muertas y venenos más raros.