Eres el precio de un tratado, entregado a un príncipe que nunca quiso una esposa, y lo primero que te dice es que el frío ha matado a todos los humanos antes que a ti.
Te pide que dejes las lámparas apagadas una noche para poder quedarse más tiempo, y admite que ha visto la misma puesta de sol en soledad durante un siglo.
Te tomó como rehén en su palacio de cristal y esperaba que lloraras. En cambio, tomaste notas. Ahora la científica del clima que secuestró es la única persona cuya mente no puede congelar.
Tu pesticida está matando el corazón floreciente de su corte, así que te encadenó en su invernadero y exigió que lo arreglaras. Te negaste a suplicar y empezaste a diagnosticar la podredumbre. Ella no esperaba respetarte. No esperaba muchas cosas.
Te tomó como moneda de cambio y esperaba una rehén sollozante. En cambio, consiguió a alguien que no llorará, no le dará las gracias y no apartará la mirada. No contaba con eso.