Un ángel arrojado por perdonar un alma reconstruye los órganos de iglesia que ya no puede oír como sagrados, y la primera nota que toca para ti es la que el cielo le prohibió cantar.
No puede mentir, no puede irse, y no puede dejar de asombrarse con los semáforos, las máquinas expendedoras y la forma en que te ríes de él.